Quarta 23 Janeiro 2019

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ISABEL DE ARAGÃO, RAINHA SANTA

Descendente da Casa Real de Aragão, Santa Isabel nasceu, muito provavelmente, em 11 de Fevereiro de 1270, em Saragoça. Onze anos depois, por procuração, era realizado o seu casamento com Dom Dinis, consumado em Trancoso, em Junho de 1282.

 

Tornada Rainha de Portugal, Dona Isabel contemplaria Coimbra pela primeira vez em Outubro de 1282, cidade onde se recolheu após a viuvez e realizou muitas das práticas caritativas acompanhadas de prodigiosos milagres, que viriam a ter como expressão máxima a lenda da transformação do pão em rosas. [...].

Piedosa, de suprema caridade e devota particularmente da Virgem Santíssima, [...] a vida terrena de Isabel permanecerá eternamente ligada à ação virtuosa de praticar o bem sem olhar a quem. A sua memória é perpetuada pelas esmolas, oferendas, cuidados, curas e milagres, com que enchia as mãos e os corações de homens, mulheres e crianças pobres, enjeitados, famintos, leprosos, doentes, cegos. Paralelamente, com as suas preces e diplomacia, espalha a concórdia e a paz, ora entre o marido e o filho, ora entre este e o neto, ora entre reinos e outros parentes.

Em tempos de fome abriu os celeiros e alimentou bocas, escondendo-se o gesto, criticado pelo rei e pelos grandes, no pão milagrosamente transmutado em rosas. A todo o momento, andando pelos caminhos, dava esmolas e panos a doentes, velhos e carenciados, aqueles que eram a verdadeira imagem do Salvador, os pobres de Cristo. [...].

Apoiou o Hospital dos Inocentes, em Santarém, [...]. Aí se criavam meninos enjeitados a quem depois se lhes ensinava uma profissão que os preparava para ganharem o seu pão de cada dia e se os bens o permitissem ainda se recolheriam até doze pobres envergonhados. Em Leiria criou uma mercearia que acolhia mulheres envergonhadas por terem decaído do seu estado social, que nela recebiam o que comer e vestir. Em Odivelas fundara uma albergaria para acolher pobres viandantes. Em Coimbra e Torres Novas tinha casas para onde encaminhava e ajudava prostitutas que arrependidas da sua conduta, buscavam reintegrar-se na sociedade. [...].

Mas teria sido em Coimbra, no novo burgo de Santa Clara, que na Rainha Santa radica a sua matriz criativa, junto do seu paço e mosteiro, que criou um grande hospital. Nele se podiam albergar quinze homens e quinze mulheres pobres, o que é verdadeiramente excepcional para a época, em que hospitais, albergarias ou gafarias tinham capacidade de recolher apenas uma meia dúzia de pessoas.

Eduardo de Matos, em O Anjo de Portugal, chama-lhe Anjo da Caridade, descrevendo situações que enfatizam sua condição de Missionária de Jesus na Terra.

Ela desenvolveu elevadas iniciativas de beneficência e instrução nos dois reinos que formam a conhecida Península na Europa e voltou ao mundo espiritual em 4 de julho de 1336. Desde então protege todas as obras de caridade e educação na Espanha e Portugal.

“A caridade é a virtude fundamental sobre que há de repousar todo o edifício das virtudes terrenas. Sem ela não existem as outras. Sem a caridade não há esperar melhor sorte, não há interesse moral que nos guie; sem a caridade não há fé, pois a fé não é mais do que pura luminosidade que torna brilhante uma alma caridosa.” (São Vicente de Paulo, Paris, 1858).

 

Referências:

(1)   Disponível em:<http://www.rainhasantaisabel.org/index.php?option=com_content&view=article&id=132&Itemid=102>. Acesso em 22 jul.2018,

(2)     Maria Helena da Cruz Coelho, Isabel de Aragão e de Portugal. Memórias de uma Rainha Santa. CD-ROOM co-auterur, Coimbra, 2006,

(3)    Eduardo Carvalho Monteiro, Chico Xavier e Isabel, a Rainha Santa de Portugal, 1.ed., 66-67

(4)    RAMACCIOTTI, Caio; XAVIER, Francisco Cândido, Mensagens de Ignez de Castro: uma visão histórica e espiritual. 31. ed. São Bernardo do Campo: GEEM, 2016. p. 204 e 210.

(5)    KARDEC, Allan. O Evangelho segundo o Espiritismo. Trad. Comissão de tradução da Editora Auta de Souza. 2. ed. Brasília: AUTA DE SOUZA, 2014. cap. 13, it. 11.

 

ISABEL DE ARAGÓN, REINA SANTA

Descendiente de la Casa Real de Aragón, Santa Isabel nació, muy probablemente, el 11 de Febrero de 1270, en Zaragoza. Once años después, por procuración, era realizado su casamiento con Don Dinis, consumado en Trancoso, en Junio de 1282.

Convertida en Reina de Portugal, Doña Isabel contemplaría Coimbra por primera vez en Octubre de 1282, ciudad donde se recogió después de la viudez y realizó muchas de las prácticas caritativas acompañadas de prodigiosos milagros, que vendrían a tener como expresión máxima la leyenda de la transformación del pan en rosas. [...].

Piadosa, de suprema caridad y devota particularmente de la Virgen Santísima, [...] la vida terrena de Isabel permanecerá eternamente ligada a la acción virtuosa de “practicar el bien sin mirar a quien”. Su memoria es perpetuada por las limosnas, ofrendas, cuidados, curas y milagros, con que llenaba las manos y los corazones de hombres, mujeres y niños pobres, indeseados, hambrientos, leprosos, enfermos, ciegos. Paralelamente, con sus oraciones y diplomacia, esparce la concordia y la paz, ora entre el marido y el hijo, ora entre éste y el nieto, ora entre reinos y otros parientes. (12).

En tiempos de hambre abrió los graneros y alimentó bocas, escondiéndose el gesto, criticado por el rey y por los grandes, en el pan milagrosamente transmutado en rosas. En todo momento, andando por los caminos, daba limosnas y paños a enfermos, viejos y necesitados, aquellos que eran la verdadera imágen del Salvador, los “pobres de Cristo”. [...].

Apoyó entonces el Hospital de los Inocentes, en Santarém, [...]. Allí se criaban niños indeseados a quien después se les enseñaba una profesión que los preparaba para ganar su pan de cada dia y si los bienes lo permitían todavía se recogían hasta doce pobres avergonzados. En Leiria creó una tienda de comestibles que acogía a mujeres avergonzadas por haber caído de su estado social, que en ella recibían de comer y vestir. En Odivelas fundara un albergue para acoger a pobres transeúntes. En Coimbra y Torres Nuevas tenía casas para donde encaminaba y ayudaba a prostitutas que arrepentidas de su conducta, buscaban reintegrarse en la sociedad. [...].

Pero habría sido en Coimbra, en el nuevo burgo de Santa Clara, que en la Reina Santa radica su matriz creativa, junto a su palacio y monasterio, que creó un gran hospital. En el se podían albergar quince hombres y quince mujeres pobres, lo que es verdaderamente excepcional para la época, en que hospitales, albergues o leprosarios tenían capacidad de recoger solo una media docena de personas. (13).

 Le Brun cuenta que un día la Reina Santa recibiera a un pobre en su palacio secretamente, para que El Rey no supiera, y el portero, no sabiendo que era con su consentimiento, le dió un golpe en la cabeza. La Reina lavó y curó la herida del pobre, aplicándole una clara de huevo, y dió dinero, mandándolo sin embargo. Al otro día, supo que el hombre estaba curado. El escritor cuenta también la cura de una ciega de esta manera: "yendo a camino, en cierta ocasión, llegó a ella una pobre mujer y le presentó una hijita, ciega de nacimiento. La Reina Santa Isabel puso la mano sobre los ojos muertos, y la niña volvió a ver. (14)

Eduardo de Matos, en El Ángel de Portugal, le llama Ángel de la Caridad, desechando situacioes que enfatizan su condición de Misionera de Jesús en la Tierra.

Entre otros relatos, recuerda que, a los pobres que la visitaban con frecuencia en el palacio real, los recibía a todos y daba órdenes a sus mayordomos para que nunca dejaran sin asistencia a persona alguna que la buscase. [...].

Ella desarrolló elevadas iniciativas de beneficencia e instrucción en los dos reinos que forman la conocida Península en Europa y volvió al mundo espiritual el 4 de julio de 1336. Desde entonces protege todas las obras de caridad y educación en España y Portugal. (15).

 

“La caridad es la virtud fundamental sobre la que ha de reposar todo el edificio de las virtudes terrenas. Sin ella no existen las otras. Sin la caridad no hay que esperar mejor suerte, no hay interés moral que nos guíe; sin la caridad no hay fe, pués la fe no es más que pura luminosidad que vuelve brillante una alma caritativa.” (San Vicente de Paulo, París, 1858). (16)

 

 

 

 

Referencias:

(1)    Disponible en:<http://www.rainhasantaisabel.org/index.php?option=com_content&view=article&id=132&Itemid=102>. Acceso en 22 jul.2018

(2)      Maria Helena da Cruz Coelho, Isabel de Aragón e de Portugal. Memorias de una Reina Santa. CD-ROOM co-auterur, Coimbra, 2006

(3)     Eduardo Carvalho Monteiro, Chico Xavier e Isabel, la Reina Santa de Portugal, 1.ed., 66-67

(4)     RAMACCIOTTI, Caio; XAVIER, Francisco Cándido, Mensajes de Ignez de Castro: una visión histórica y espiritual. 31. ed. San Bernardo del Campo: GEEM, 2016. p. 204 e 210.

(5)     KARDEC, Allan. El evangelio según el espiritismo. Trad. Comisión de traducción de la Editora Auta de Souza. 2. ed. Brasilia: AUTA DE SOUZA, 2014. cap. 13, it. 11.

 

ISABEL DE ARAGÓN, REINA SANTA

Descendiente de la Casa Real de Aragón, Santa Isabel nació, muy probablemente, el 11 de Febrero de 1270, en Zaragoza. Once años después, por procuración, era realizado su casamiento con Don Dinis, consumado en Trancoso, en Junio de 1282.

Convertida en Reina de Portugal, Doña Isabel contemplaría Coimbra por primera vez en Octubre de 1282, ciudad donde se recogió después de la viudez y realizó muchas de las prácticas caritativas acompañadas de prodigiosos milagros, que vendrían a tener como expresión máxima la leyenda de la transformación del pan en rosas. [...].

Piadosa, de suprema caridad y devota particularmente de la Virgen Santísima, [...] la vida terrena de Isabel permanecerá eternamente ligada a la acción virtuosa de “practicar el bien sin mirar a quien”. Su memoria es perpetuada por las limosnas, ofrendas, cuidados, curas y milagros, con que llenaba las manos y los corazones de hombres, mujeres y niños pobres, indeseados, hambrientos, leprosos, enfermos, ciegos. Paralelamente, con sus oraciones y diplomacia, esparce la concordia y la paz, ora entre el marido y el hijo, ora entre éste y el nieto, ora entre reinos y otros parientes. (12).

En tiempos de hambre abrió los graneros y alimentó bocas, escondiéndose el gesto, criticado por el rey y por los grandes, en el pan milagrosamente transmutado en rosas. En todo momento, andando por los caminos, daba limosnas y paños a enfermos, viejos y necesitados, aquellos que eran la verdadera imágen del Salvador, los “pobres de Cristo”. [...].

Apoyó entonces el Hospital de los Inocentes, en Santarém, [...]. Allí se criaban niños indeseados a quien después se les enseñaba una profesión que los preparaba para ganar su pan de cada dia y si los bienes lo permitían todavía se recogían hasta doce pobres avergonzados. En Leiria creó una tienda de comestibles que acogía a mujeres avergonzadas por haber caído de su estado social, que en ella recibían de comer y vestir. En Odivelas fundara un albergue para acoger a pobres transeúntes. En Coimbra y Torres Nuevas tenía casas para donde encaminaba y ayudaba a prostitutas que arrepentidas de su conducta, buscaban reintegrarse en la sociedad. [...].

Pero habría sido en Coimbra, en el nuevo burgo de Santa Clara, que en la Reina Santa radica su matriz creativa, junto a su palacio y monasterio, que creó un gran hospital. En el se podían albergar quince hombres y quince mujeres pobres, lo que es verdaderamente excepcional para la época, en que hospitales, albergues o leprosarios tenían capacidad de recoger solo una media docena de personas. (13).

 Le Brun cuenta que un día la Reina Santa recibiera a un pobre en su palacio secretamente, para que El Rey no supiera, y el portero, no sabiendo que era con su consentimiento, le dió un golpe en la cabeza. La Reina lavó y curó la herida del pobre, aplicándole una clara de huevo, y dió dinero, mandándolo sin embargo. Al otro día, supo que el hombre estaba curado. El escritor cuenta también la cura de una ciega de esta manera: "yendo a camino, en cierta ocasión, llegó a ella una pobre mujer y le presentó una hijita, ciega de nacimiento. La Reina Santa Isabel puso la mano sobre los ojos muertos, y la niña volvió a ver. (14)

Eduardo de Matos, en El Ángel de Portugal, le llama Ángel de la Caridad, desechando situacioes que enfatizan su condición de Misionera de Jesús en la Tierra.

Entre otros relatos, recuerda que, a los pobres que la visitaban con frecuencia en el palacio real, los recibía a todos y daba órdenes a sus mayordomos para que nunca dejaran sin asistencia a persona alguna que la buscase. [...].

Ella desarrolló elevadas iniciativas de beneficencia e instrucción en los dos reinos que forman la conocida Península en Europa y volvió al mundo espiritual el 4 de julio de 1336. Desde entonces protege todas las obras de caridad y educación en España y Portugal. (15).

 

“La caridad es la virtud fundamental sobre la que ha de reposar todo el edificio de las virtudes terrenas. Sin ella no existen las otras. Sin la caridad no hay que esperar mejor suerte, no hay interés moral que nos guíe; sin la caridad no hay fe, pués la fe no es más que pura luminosidad que vuelve brillante una alma caritativa.” (San Vicente de Paulo, París, 1858). (16)

 

Referencias:

(1)    Disponible en:<http://www.rainhasantaisabel.org/index.php?option=com_content&view=article&id=132&Itemid=102>. Acceso en 22 jul.2018

(2)      Maria Helena da Cruz Coelho, Isabel de Aragón e de Portugal. Memorias de una Reina Santa. CD-ROOM co-auterur, Coimbra, 2006

(3)     Eduardo Carvalho Monteiro, Chico Xavier e Isabel, la Reina Santa de Portugal, 1.ed., 66-67

(4)     RAMACCIOTTI, Caio; XAVIER, Francisco Cándido, Mensajes de Ignez de Castro: una visión histórica y espiritual. 31. ed. San Bernardo del Campo: GEEM, 2016. p. 204 e 210.

(5)     KARDEC, Allan. El evangelio según el espiritismo. Trad. Comisión de traducción de la Editora Auta de Souza. 2. ed. Brasilia: AUTA DE SOUZA, 2014. cap. 13, it. 11.